Saturday, September 23, 2006

Carta para Mirna


9 de abril 2006



¿Acaso sabes que tiembla este papel
mientras lo escribo?
Quizás es mi mano,
mitad promesa, mitad locura
o las ganas de decirte todo
en este arrebato hecho imágenes.
Estos días la cruda existencia
me ha dormido el corazón.
Lo sabes, lo sé,
por eso entiendes mi costumbre arcangélica
de putear al que llaman Dios.
Es una forma de volverme héroe
y cambiar de dirección la cobardía cotidiana,
para contarte, en estas pocas letras,
que el cielo reinante en mi desolada capital
está cada vez más oscuro, descontento en aire
y ajeno de esperanzas,
ajeno de tu isla,
que suena a fantasía en la televisión,
pero que pintas tan jodida
como este puerto de cemento
al sur de los mapas.
Se amontonan,
estratégicamente,
libros que te he comprado,
los que te gustan y me gustan,
para atraer tu morbosa curiosidad
hasta mis ojos animales y de máquina endiosada
que recrean la película de tu cuerpo.
Ya extraño que no ejerzas de escritora
sobre este nombre al revés, tan mío y tuyo.
No quiero ser más
el niño maldito y p(r)o(f)eta
que incendiaba calles
y chocaba autos,
dibújame nuevo, como esta carta,
inesperado sobre el asfalto.
Aunque aún no entienda
ese afán tuyo
de creer en la justicia
y ser niña y mujer en un latido,
mientras yo sigo pensando
que nuestra misión no es salvar el mundo,
sino salvarnos de él.

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