Sunday, May 17, 2009

Susana Villalba

MUÑECA

Corazón en torno
al huso,
hechizo de entenada
que urde un sueño.
En la línea de la mano
la escritura
es un destino.
La cicatriz
es una trama que imagina
reparar
la maldición de su torpeza.
Se cree ausente
en una fiesta
invitada como ausente.
La fiesta no existía.
Vuelve una y otra
vez
donde la trama ha quedado
desprolija.
Se armaba una casa
detrás de la casa,
entre las ramas del ciruelo.
Toda la tarde era la ceremonia
del té
para poder permanecer
en el lugar.
Si no habla
no puede detener la tempestad,
tampoco la desata.
Si el cuerpo arma una casa
en la espesura
podrá defender a sus muñecas.
No es que algo acechaba,
estaba al descubierto.
Los dioses eran tristes
en la infancia,
la virgen tallada torpemente
anunciada
con altoparlante
y wincofón.
Tormentas
como quien dice
un dolor ético
por lo que no llegaba a ser
una tragedia
soberbia.
Vuelve una y otra vez
al lugar de ningún crimen.
Al fin y al cabo
-se dice el venado-
el jaguar me desea.
Fugas
que encubren la fuga
verdadera.
En bicicleta,
en cuclillas,
con los ojos
cerrados o abiertos.
Si no escucha
podrá entender qué dicen
las mñecas:
Te quiero mucho,
tengo sueño.
Ni siquiera
lograba ser autista grave
o con graves problemas
de conducta.
Apenas heridas
provocadas
por una torpeza sospechosa.
No podía evitar
tener amigos,
fiestas, como quien dice
un dolor estético
por lo que no llegaba
a ser siquiera
horrible.
Elegir la verdad
en lugar de consecuencias.
Siempre era demasiado
inteligente
para un fracaso perfecto.
Y aún así
no lograba senir suficiente
traición
a su corazón entenado.
seguía un destino
sin comprender su lógica.
Una batalla
a la medida de sus manos.
En el cuarto de las bicicletas
tomaba la pluma
sin saber
de qué hablaba.
O agazapada
en su inocencia
acechaba una verdad
que esperaba más cuerpo
que pudiera soportar
las consecuencias.
Lo que no puede soportar
es la infancia que imagina
perdida
en otro corazón en bambalinas.
Otra soledad que la sitiaba.
Silencio
por lo que no lograba
ser tormenta
bellamente dicha.
Bello camina el jaguar
como quien ha matado.
No era tisteza,
un animal feliz
cargando un corazón que descubría
el desamparo
como quien dice un dolor
metafísico
por lo que no llegaba a ser batalla
soberbia contra el cielo.
Príncipes y mendigos
asisten a la fiesta
sin comprender su lógica.
El entenado
es una forma
de elegido.
Un destino
cruzándose en la historia
que intenta reparar
y así se trama
quién soñará
mientras su mano cicatriza.
Vuelve una y otra vez
a comprobar
que el cuerpo no está
donde creyó enterrarlo.
Princesa agazapada
en harapos
para evitar la maldición
de tejedoras.
El sueño llega
por desconocimiento
de la rueca
que, al fin y al cabo,
dejaron al alcance
de sus manos.
pero el sueño
también es ilación
del desencanto.
El jardín de la casa,
las muñecas,
los recuerdos o los hechos
que imagina
es una hebra fuerte
de colores
bellamente confundidos.
Dando vueltas
al perro,
en bicicleta,
por las vías,
hasta que la cabeza se rendía
a la evidencia.
La fuga era su forma
de llevar la tempestad
hasta los límites
que soportara el cuerpo.
Al fin y al cabo su silencio
traicionaba
la verdadera soledad
de sus palabras.
La felicidad
-discutía con su muñeca-
es así
te peino
y al poco tiempo
está todo enredado.
Te quiero mucho,
tengo sueño,
respondía sabiamente.
Inútil invitada
a una ceremonia
cubriendo la fuga
hacia una casa
detrás de la casa.
Como la verdadera soledad
oculta
en la inclemencia.
Desamparo que vuelve
una y otra vez
a golpear
en lo que nunca fue
puerta
ni salida
ni refugio
ni mangífica intemperie.



(De Caminatas)

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